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Congreso éxodos

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Juan Tapia

Juan Tapia

CONFIGURANDO LA MIRADA

Roquetas de Mar, un pueblo costero de la provincia de Almería dónde he pasado todos estos año y dónde desarrollo mi actividad laboral como empresario de una explotación agrícola.

Mi pasión por la fotografía comenzó en el año 2002, cuando ingresé en el taller fotográfico de mi pueblo. Allí aprendí desde los pilares básicos de la fotografía hasta el revelado más avanzado del cuarto oscuro. Todos y cada uno de esos momentos de aprendizaje se convertían en algo apasionante. Recuerdo, cuando a través de la fotografía estenopeica realicé mis primeras imágenes con una caja de zapatos, fue algo mágico. Mi profesora del taller estudió bellas artes y siempre fue muy exigente con nosotros en cuanto a la creatividad y superación personal. Hasta el año 2007 permanecí en dicho taller realizando una fotografía genérica, ejercitando todo tipo de actividades que me  iban calando poco a poco sin darme cuenta.

A partir de este año, la naturaleza me iba atrapando poco a poco y llegó a convertirse en mi fuente de inspiración. Dediqué casi cinco años a la fotografía de aves, pero la monotonía de mis fotos y la falta de tiempo me hizo buscar nuevos caminos, nuevas emociones…

Comencé un proceso de aprendizaje imitando a mis fotógrafos de referencia aunque nunca logré imitar esa esencia que cada uno dejaba  impregnada en sus obras. Influenciado por la fotografía “del Alma” de Isabel Diez, “la abstracción del Tinto” de Antonio Camoyán, “el lenguaje visual” de José B. Ruiz y “la aptitud o concepto fotográfico” de Fernando Puche….han ido haciendo los cimientos de mi propia fotografía.

Siempre estuve ligado a los concursos fotográficos, tanto como reto personal como para evolucionar creativamente, buscando siempre la originalidad en cada instante. Conseguí reconocimientos en un gran número de concursos internacionales y recientemente algunas publicaciones como la revista  Iris y LNH.

Una de las claves de mantener mi pasión por la fotografía viva es la necesidad constante de descubrir nuevas formas de captar aquello que me emociona.

“Comienzo a caminar solo, sin saber lo que quiero y sin saber a dónde ir. El camino se hace cuesta arriba, no encuentro respuestas a mis preguntas y aquellas fotografías que me llevaban de la mano ya no están a mi lado, todo se vuelve oscuro, ando buscándome a mí mismo. Poco a poco voy decidiendo por mí mismo que fotografiar y de qué manera. Cada fotografía se va convirtiendo poco a poco en un diálogo personal con el medio, desnudando el alma con cada elemento del paisaje, de mi paisaje…. Va cobrando lentamente sentido este viaje, que  aún sin disfrutarlo a tope parece ser apasionante, pero aún, este viaje no ha terminado, diría yo, que acaba de empezar….

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